¿Quién no colecciono algo a lo largo de su vida?
Autitos, monedas, antigüedades, botellas y así podría seguir la lista...
Yo colecciono imanes... Y cepillos de dientes; de mis ex.
Tengo tantos cepillos de dientes como bombachas. Pensándolo bien, quizás las bombachas no fueron el mejor ejemplo, pero en fin, tengo muchos cepillos de dientes ajenos guardados en una caja de madera.
Cada vez que abro esa especie de pandora se me ocurren algunas ideas para darle uso a los pobres cadáveres. Una vez se me ocurrió donarlos a una entidad de bien público... (Mentira, quise ser sátira).
Aunque debo reconocer que varias veces oscile entre devolverlos o tirarlos; hasta que un día al abrir la caja se me empezaron a ocurrir múltiples usos para aquellos inquilinos:
- Sacarle brillo a las cosas de plata
- Un llamador de ángeles (se iba a complicar por el tema del sonido, ya que los cepillos no iban a sonar porque son de plástico, pero es válida como idea)
- Limpiar las canillas del baño
- Depilarme (reemplazando el palito de madera por el mango del cepillo)
- Lavar las tetinas de las mamaderas (no tengo hijos, pero esta buena la idea)
- Peinarme las cejas
- Limpiar la unión de los azulejos
Me hice un festín mientas me imaginaba usando los cepillos de dientes de mis antiguos moradores para hacer tantas actividades recreativas.
Existe la posibilidad de tirarlos, que quizás esa hubiese sido la primera (y mejor) opción; pero tirarlos no es simplemente abrir LA caja y ponerlos en la bolsa de basura. Tirarlos significa despegarme.
Pero darles uso es sentirlos útiles y productivos, algo que no pude lograr con esas relaciones.
A.
Autitos, monedas, antigüedades, botellas y así podría seguir la lista...
Yo colecciono imanes... Y cepillos de dientes; de mis ex.
Tengo tantos cepillos de dientes como bombachas. Pensándolo bien, quizás las bombachas no fueron el mejor ejemplo, pero en fin, tengo muchos cepillos de dientes ajenos guardados en una caja de madera.
Cada vez que abro esa especie de pandora se me ocurren algunas ideas para darle uso a los pobres cadáveres. Una vez se me ocurrió donarlos a una entidad de bien público... (Mentira, quise ser sátira).
Aunque debo reconocer que varias veces oscile entre devolverlos o tirarlos; hasta que un día al abrir la caja se me empezaron a ocurrir múltiples usos para aquellos inquilinos:
- Sacarle brillo a las cosas de plata
- Un llamador de ángeles (se iba a complicar por el tema del sonido, ya que los cepillos no iban a sonar porque son de plástico, pero es válida como idea)
- Limpiar las canillas del baño
- Depilarme (reemplazando el palito de madera por el mango del cepillo)
- Lavar las tetinas de las mamaderas (no tengo hijos, pero esta buena la idea)
- Peinarme las cejas
- Limpiar la unión de los azulejos
Me hice un festín mientas me imaginaba usando los cepillos de dientes de mis antiguos moradores para hacer tantas actividades recreativas.
Existe la posibilidad de tirarlos, que quizás esa hubiese sido la primera (y mejor) opción; pero tirarlos no es simplemente abrir LA caja y ponerlos en la bolsa de basura. Tirarlos significa despegarme.
Pero darles uso es sentirlos útiles y productivos, algo que no pude lograr con esas relaciones.
A.